Fisura Anal
¿Sabías que alrededor del 50% de las fisuras anales pueden cicatrizan con un tratamiento médico adecuado?
¿Qué es la Fisura Anal?
La fisura anal es un desgarro en la mucosa del ano en su tercio más externo, que típicamente cursa con dolor intenso al defecar, que puede persistir durante varias horas y se acompaña de sangrado. Supone una de las patologías anorrectales más frecuentes, aunque muchas veces se confunda con hemorroides.
Causas de la Fisura Anal
En la mayoría de las ocasiones la causa es el estreñimiento o la diarrea, aunque también puede estar originado por otros tipos de traumatismo anal, como el parto o el sexo anal.
Otras causas mucho menos frecuentes son la enfermedad inflamatoria intestinal (enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa), la tuberculosis, el cáncer de ano o diferentes enfermedades de transmisión sexual.
Entorno al 50% de las fisuras pueden cicatrizar por sí mismas o con un tratamiento médico adecuado, el cual debe de incluir, analgésicos, ablandadores de la materia fecal y baños de asiento con agua tibia y cremas con fármacos (nitroglicerina o dilatiazem), que actúan como un vasodilatador y relajante del esfínter, aliviando el dolor y favoreciendo la cicatrización de la fisura. En algunos casos puede estar indicada la aplicación de toxina botulínica.
En los casos en que no se obtenga una adecuada respuesta al tratamiento médico puede indicarse una intervención quirúrgica, que en la mayoría de los caso consistirá en una esfinterotomía lateral interna, que es considerado el tratamiento más eficaz para la fisura anal.
En esta intervención se seccionan algunas fibras del esfínter anal interno, disminuyendo su presión, lo cual alivia el dolor y aumenta el flujo sanguíneo de la mucosa facilitando así la cicatrización de la fisura. Con esta técnica se consigue un alivio sintomático y la cicatrización de la fisura en pocas semanas en el 95% de los casos.
Previo a la operación debe valorarse el riesgo de incontinencia. Aunque en general el riesgo es bajo, puede estar algo aumentado en personas cuyo esfínter se encuentra debilitado por partos, intervenciones quirúrgicas o problemas de salud preexistentes. En estos casos pueden usarse otras técnicas quirúrgicas y tratamientos médicos alternativos.
Preguntas frecuentes sobre la fisura anal
La causa principal de la fisura anal es el estreñimiento crónico, ya que el paso de heces duras puede desgarrar la mucosa del ano. También puede deberse a episodios de diarrea prolongada, al parto vaginal o a lesiones por traumatismos locales. En casos menos frecuentes, está relacionada con enfermedades como la colitis ulcerosa, la tuberculosis o la enfermedad de Crohn, que afectan la mucosa del recto y dificultan la cicatrización.
El tratamiento de la fisura anal se basa en aliviar el dolor y facilitar la cicatrización natural del tejido. Para ello se emplean analgésicos, ablandadores de heces y baños de asiento con agua tibia, que reducen la inflamación. Además, se utilizan cremas con nitroglicerina o diltiazem, que ayudan a relajar el esfínter y mejorar la circulación local. En algunos pacientes se puede aplicar toxina botulínica, la cual actúa como relajante muscular temporal, favoreciendo la curación sin necesidad de cirugía.
La cirugía para fisura anal se indica cuando el tratamiento médico no logra resultados satisfactorios. El procedimiento más utilizado es la esfinterotomía lateral interna, en la que se secciona una parte del esfínter anal interno para reducir la presión y permitir la cicatrización. Este método ofrece una tasa de éxito cercana al 95 %, con alivio rápido del dolor. Antes de operar, el especialista evalúa el riesgo de incontinencia fecal, especialmente en personas con antecedentes de partos o cirugías anales.
Sí, mantener una dieta rica en fibra, beber suficiente agua y evitar el estreñimiento son medidas clave para prevenir la fisura anal. También es recomendable no posponer la evacuación, realizar actividad física y cuidar la higiene anal con productos suaves. Estos hábitos ayudan a mantener la mucosa del ano en buen estado y reducen el riesgo de desgarros o inflamaciones que puedan derivar en fisuras.