Hemorroides: qué grados existen y cuándo hay que operarlas de verdad

No todas las hemorroides necesitan cirugía, pero algunas sí, y seguir a base de cremas solo retrasa la solución. Te explicamos los cuatro grados, qué tratamiento corresponde a cada uno y las señales de que ha llegado el momento de valorar la operación.

Pocas patologías se sobrellevan tanto tiempo en silencio como las hemorroides. Se prueba una crema, luego otra, se evita el picante una temporada y, cuando el brote pasa, el asunto se archiva. Hasta el siguiente. Así se encadenan años en los que el problema no desaparece: solo va subiendo de grado. Y ahí está la clave que casi nadie cuenta: no todas las hemorroides son iguales ni se tratan igual. Las hay que se controlan con hábitos y tratamiento en consulta, y las hay que solo se resuelven en quirófano. Saber en qué punto estás es lo que marca la diferencia entre seguir apagando fuegos y solucionar el problema.

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En innovacirugia.com valoramos cada caso con una exploración proctológica sencilla e indolora, porque la decisión de operar unas hemorroides no se toma por el tiempo que llevan molestando, sino por su grado y por cómo afectan a tu vida diaria. En este artículo te explicamos cómo se clasifican y cuándo hay que operar las hemorroides de verdad.

Qué son exactamente las hemorroides (y por qué no todas son iguales)

Las hemorroides, popularmente llamadas almorranas, no son en sí una enfermedad: son estructuras vasculares normales del canal anal que todos tenemos y que participan en la continencia. El problema aparece cuando esos plexos se dilatan, se congestionan y empiezan a dar síntomas: sangrado, picor, escozor, sensación de bulto o prolapso.

La primera distinción importante es su localización:

  • Hemorroides internas: se originan dentro del canal anal. Suelen manifestarse con sangrado rojo brillante y, en grados avanzados, con salida del tejido al exterior (prolapso hemorroidal). No suelen doler, porque la mucosa interna apenas tiene sensibilidad.
  • Hemorroides externas: se sitúan bajo la piel del margen del ano. Su complicación típica es el trombo hemorroidal, ese bulto duro y morado que aparece de un día para otro y que sí duele de forma intensa.

Esta diferencia importa porque el dolor intenso al defecar, en contra de lo que casi todo el mundo cree, rara vez lo causan las hemorroides internas. Cuando ir al baño duele como un corte, lo más probable es que el origen sea una fisura anal, una herida que se confunde constantemente con hemorroides y que se trata de forma completamente distinta.

Los cuatro grados de las hemorroides internas

Los grados de hemorroides describen cuánto ha descendido el tejido hemorroidal, y son la referencia principal para decidir el tratamiento:

  • Grado I: las hemorroides están congestionadas pero no se asoman al exterior. El síntoma habitual es el sangrado ocasional al defecar, sin bulto.
  • Grado II: se asoman durante el esfuerzo de la defecación y vuelven a entrar solas al terminar.
  • Grado III: salen con el esfuerzo y no vuelven a entrar por sí mismas; hay que reintroducirlas con el dedo. Aparecen manchado, picor y sensación constante de bulto.
  • Grado IV: el prolapso es permanente. El tejido está fuera de forma continua y ya no se puede reducir.

Como norma general, los grados I y II tienen tratamiento conservador o mediante técnicas en consulta, mientras que los grados III y IV son los que con más frecuencia acaban necesitando cirugía.

Qué se puede hacer sin pasar por quirófano

En los grados iniciales, el tratamiento de las hemorroides empieza por atacar lo que las provoca y las mantiene: el esfuerzo defecatorio. Estreñimiento, tiempos largos sentado en el váter (el móvil tiene mucha culpa) y una dieta pobre en fibra son los tres motores del problema.

Medidas que sí funcionan

  • Regular el tránsito: fibra, hidratación abundante y, si hace falta, laxantes formadores de bolo pautados por el especialista.
  • Reeducar el hábito: no más de dos o tres minutos sentado en el inodoro, sin empujar ni prolongar el momento.
  • Baños de asiento con agua templada en los brotes, para aliviar la congestión.
  • Pomadas y flebotónicos durante periodos cortos: alivian el brote, pero no curan la hemorroide ni la hacen desaparecer.

Tratamientos en consulta

Para hemorroides internas de grado I y II que sangran de forma repetida, existen técnicas ambulatorias como la ligadura con banda elástica, que se realiza en consulta, sin anestesia general y sin baja laboral. Es un procedimiento rápido y muy eficaz en el grado adecuado; su límite es precisamente ese: cuando el prolapso es avanzado, ya no es suficiente.

Cuándo hay que operar las hemorroides

La operación de hemorroides se plantea cuando se cumplen una o varias de estas condiciones:

  • Grado III o IV: el prolapso que hay que reintroducir a mano, o que ya está fuera de forma permanente, no revierte con cremas ni con fibra. El tejido descendido no vuelve a su sitio por sí solo.
  • Sangrado repetido que no cede con tratamiento conservador o tras las ligaduras. Un sangrado crónico, además de la molestia, puede llegar a producir anemia. Y ojo: antes de atribuir cualquier sangrado a las hemorroides, hay que explorarlo, porque no todo sangrado al defecar es hemorroidal.
  • Brotes frecuentes que condicionan tu vida: trombosis de repetición, manchado continuo, imposibilidad de hacer deporte o de viajar tranquilo.
  • Higiene difícil y escozor constante por el tejido prolapsado, algo muy típico del grado IV.

Dicho al revés: no se opera por llevar muchos años con hemorroides, ni por un episodio aislado, ni por el tamaño que uno se nota al tacto. Se opera cuando el grado y los síntomas indican que ningún otro tratamiento va a resolver el problema.

Cómo es la cirugía hemorroidal hoy

La técnica de referencia sigue siendo la hemorroidectomía, la extirpación del tejido hemorroidal enfermo. Es la opción con menor tasa de recidiva, especialmente indicada en grados avanzados y hemorroides mixtas. En casos seleccionados pueden emplearse técnicas menos agresivas, como la desarterialización guiada por doppler (HAL-RAR) o el láser hemorroidal, con postoperatorios más llevaderos a cambio de una tasa de recurrencia algo mayor. La elección no es de catálogo: depende del grado, del componente externo y de la anatomía de cada paciente, y por eso se decide tras la exploración, no antes.

La intervención se realiza habitualmente en régimen de cirugía mayor ambulatoria: entras y sales el mismo día. El postoperatorio requiere analgesia pautada, baños de asiento y regular bien el tránsito; la vuelta al trabajo suele situarse entre una y tres semanas según la técnica y el tipo de actividad.

Señales de que no debes seguir esperando

Consulta con un especialista en proctología sin más demora si reconoces alguna de estas situaciones:

  • Sangras al defecar de forma repetida, aunque no duela.
  • Notas un bulto que tienes que reintroducir con el dedo, o que ya no entra.
  • Has pasado más de un episodio de trombosis hemorroidal.
  • Llevas meses alternando cremas sin que el problema desaparezca.
  • Tienes más de 45-50 años y nunca te han explorado, aunque «siempre hayan sido las hemorroides».

El grado se diagnostica mirando, no adivinando

Las hemorroides no son un castigo con el que haya que aprender a vivir. Con el diagnóstico correcto, los grados iniciales se controlan con medidas sencillas y técnicas de consulta, y los avanzados se resuelven con una cirugía segura y definitiva en la inmensa mayoría de los casos. Lo único que no funciona es lo que hace casi todo el mundo: tratar a ciegas durante años un problema que nadie ha explorado.

Si te has reconocido en alguno de estos grados, en Innova Cirugía (Madrid) podemos decirte exactamente en qué punto estás y qué tratamiento te corresponde, que muchas veces es más sencillo de lo que imaginas. Pide tu cita y sal de dudas en una sola consulta.

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