Dolor al defecar como un cristal: qué es una fisura anal y cómo se cura

Hay dolores que se explican solos. Quien tiene una fisura anal no dice que le molesta un poco: dice que ir al baño es como pasar un cristal, y que lo peor no es el momento, sino el ardor que viene después y que puede durar horas sin encontrar postura para sentarse. Muchas personas empiezan a retrasar la visita al baño para no pasar por ello, y ahí es donde el problema se hace grande.

Es un cuadro tan característico que en consulta casi se reconoce por la descripción. Y aun así, mucha gente pasa meses tratándose por su cuenta con cremas para hemorroides que no le hacen nada, porque el problema no está en una vena dilatada, sino en una herida abierta que no termina de cicatrizar. En innovacirugia.com es uno de los motivos de consulta que más se retrasa y, a la vez, uno de los que mejor responde cuando se trata la causa real y no solo el síntoma.

Qué es exactamente una fisura anal

Una fisura anal es un desgarro lineal en la mucosa del canal anal, casi siempre situado en la línea media posterior, la zona que peor riego sanguíneo recibe. Se puede pensar en ella como una grieta en la comisura de los labios: pequeña, superficial y muy dolorosa, con la diferencia de que aquí se abre varias veces al día con cada deposición.

Las causas más habituales tienen que ver con el paso de heces duras o con la irritación repetida de la zona:

  • Estreñimiento y esfuerzo defecatorio, la causa número uno.
  • Diarrea prolongada, que macera y erosiona la mucosa.
  • Cambios bruscos de dieta, viajes o épocas de poca hidratación.
  • El posparto, por el traumatismo del canal del parto y el estreñimiento posterior.
  • Un tono del esfínter alto de base, algo frecuente en personas jóvenes y deportistas.

Por qué una herida tan pequeña duele tanto

Aquí está la clave de todo. Al abrirse la fisura, el esfínter anal interno, que es un músculo involuntario, reacciona contrayéndose. Ese espasmo hace dos cosas a la vez: dispara el dolor y estrangula el riego sanguíneo de la propia herida. Y una herida sin riego no cicatriza.

El resultado es un círculo vicioso perfectamente conocido: dolor, espasmo, menos riego, la fisura no cierra, vuelve a abrirse en la siguiente deposición y el dolor aumenta. Por eso una fisura puede durar meses aunque la persona coma fibra y beba agua. Mientras el esfínter siga contraído, la grieta no tiene manera de cerrar. Y por eso, además, los tratamientos que funcionan son los que relajan ese músculo.

Fisura o hemorroides: cómo distinguirlas

Casi todo el mundo llega a la consulta convencido de que tiene hemorroides, porque es lo que se asume ante cualquier molestia en la zona. Estas señales orientan bastante bien:

  • El dolor. La fisura duele de forma aguda y cortante durante la deposición, y deja un ardor intenso después, de minutos a horas. Las hemorroides internas, salvo cuando se complican, molestan poco.
  • La sangre. En la fisura suele ser roja, escasa y en el papel, como una raya que acompaña a las heces. Si quieres profundizar en las distintas causas del sangrado al defecar, conviene no darlo por resuelto sin una exploración.
  • El bulto. Un bulto duro, azulado y de aparición brusca apunta más a un trombo hemorroidal que a una fisura.
  • El picor. Si lo que predomina es el picor nocturno y no el dolor, el cuadro se parece más a un prurito anal.

El diagnóstico de la fisura se hace mirando. No hace falta introducir nada ni pasar por pruebas molestas: con una inspección cuidadosa, separando suavemente los pliegues, el especialista ve la grieta y valora el tono del esfínter.

Fisura aguda y fisura crónica: no es lo mismo

La distinción importa porque cambia el tratamiento. Una fisura aguda es la que lleva menos de seis u ocho semanas: es una herida limpia, de bordes finos, y cicatriza sola en un porcentaje alto de casos si se corrige el tránsito intestinal y se rompe el espasmo a tiempo.

Una fisura crónica es la que se ha instalado. Sus bordes se engrosan, en el extremo externo aparece un pliegue de piel llamado plicoma centinela (que muchos pacientes confunden con una hemorroide), en el interno puede formarse una papila hipertrófica y, en el fondo de la grieta, llegan a verse las fibras del esfínter. Aquí la cicatrización espontánea es rara, y seguir esperando solo alarga el sufrimiento.

El tratamiento empieza antes de la pomada

Ningún tratamiento aguanta si cada mañana la herida vuelve a abrirse. Las medidas básicas no son un consejo genérico, son parte del tratamiento:

  • Heces blandas y con forma, no líquidas. Fibra en torno a 25 o 30 gramos al día, fruta, verdura y legumbre, y suplementos de fibra soluble si con la dieta no llega.
  • Agua de verdad, entre litro y medio y dos litros. La fibra sin líquido empeora el estreñimiento.
  • No forzar ni alargar. Nada de bajar al baño con el móvil: sentarse más de cinco minutos y empujar es exactamente lo que reabre la fisura.
  • No aguantar las ganas. Posponer la deposición por miedo al dolor endurece las heces y agrava el problema.
  • Baños de asiento con agua tibia, de diez minutos, un par de veces al día y después de defecar. Alivian y, sobre todo, relajan el esfínter.

Pomadas que relajan el esfínter

El tratamiento médico específico busca romper el espasmo para que vuelva a llegar sangre a la herida. Se usan pomadas de nitroglicerina al 0,4 por ciento o de diltiazem al 2 por ciento, aplicadas varias semanas de forma constante. Funcionan bien, aunque la nitroglicerina puede provocar dolor de cabeza en algunas personas, y ese es el motivo más frecuente de abandono.

Conviene decirlo claro: las cremas con corticoides o anestésicos que se venden para hemorroides calman un rato, pero no relajan el esfínter y, usadas durante meses, adelgazan la piel de la zona. No curan una fisura.

Cuando el tratamiento tópico bien hecho no resuelve el caso, la toxina botulínica inyectada en el esfínter interno consigue una relajación temporal de dos o tres meses, tiempo suficiente para que muchas fisuras cierren definitivamente.

Cuándo se plantea la cirugía

Si la fisura es crónica y no ha respondido a un tratamiento correcto, la cirugía ofrece la solución más definitiva. La técnica de referencia es la esfinterotomía lateral interna: una sección parcial y controlada de una porción del esfínter interno, hecha en un punto lateral y no sobre la propia fisura. Es un procedimiento ambulatorio, con anestesia local o sedación, y con tasas de curación superiores al 90 por ciento. El alivio del dolor suele notarse desde los primeros días.

La decisión se toma de forma individual, valorando el tono del esfínter y los antecedentes de cada paciente. En personas con partos complicados previos, cirugías anales anteriores o cualquier alteración de la continencia, se estudia con más detalle y a veces se prefiere una anoplastia con colgajo, que cubre la herida con piel sana sin tocar el músculo. El objetivo siempre es el mismo: curar la fisura sin comprometer la continencia, la misma filosofía que aplicamos en el tratamiento de la fístula anal con láser.

Señales de que no estamos ante una fisura simple

Hay situaciones que merecen una valoración preferente en lugar de esperar:

  • Un bulto duro, caliente y muy doloroso junto al ano, con fiebre o malestar general, que orienta a un absceso perianal y no admite espera.
  • Supuración continua o humedad permanente en la ropa interior, que sugiere un trayecto fistuloso.
  • Fisuras laterales, múltiples o de aspecto atípico, que obligan a descartar enfermedad inflamatoria intestinal u otras causas.
  • Sangrado persistente acompañado de cambios en el ritmo intestinal, anemia o pérdida de peso, donde el estudio del colon es prioritario.

No hace falta convivir con esto

La fisura anal es un problema benigno, muy frecuente y con tratamiento eficaz en prácticamente todos los casos. Lo que la convierte en un calvario no es su gravedad, sino el tiempo que se tarda en consultar por pudor y la cantidad de tratamientos equivocados que se prueban por el camino. Semanas de dolor al defecar no son normales ni son algo que haya que aguantar.

En Innova Cirugía (Madrid) valoramos la fisura con una exploración proctológica sencilla y sin pruebas incómodas, y planteamos el tratamiento que corresponde a cada fase, desde las medidas conservadoras hasta la cirugía cuando está indicada. Si llevas tiempo con ese dolor cortante, pide tu valoración con nuestro equipo y déjanos ponerle solución.

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